Ultima posesión.

Soy la aplicación de la teoría.
Parado todo, mi entrenador ordena, todos escuchamos.
Cada uno de los cinco será una pieza del reloj.
El bocinazo me devuelve a la realidad de una cancha vacía, a mi espalda una masa incalculable de gente grita, se regocija con el espectáculo, sufren, sonríen, saltan, viven.
Rueda el balón, movimientos precisos, músculos en tensión, poco a poco el dibujo de la pequeña pizarra encuentra su lugar en el parquet.
Gritos, ánimos, insultos, no puedo distinguirlos, el cuero llega a mis manos. El segundero ya expiró, y esas milésimas huyen entre risas.
Me levanto con la fuerza de las alas de Icaro, mis movimientos sincronizan con el griterío de mis aficionados, el esférico vuela como una cometa Provocando destellos desde todas direcciones.
Ruido estridente.
Silencio.
Y la mas indescriptible de las euforias.

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