Las máquinas nunca fallan

Tiempo muerto, publicidad. Todos odiamos las enormes pausas que se dan en los partidos de la NBA, en la que los anuncios y los descansos cuando el juego está parado se hacen eternos. Sin embargo, entre los anuncios que nos ofrece la televisión americana de vez en cuando muestran imágenes sobre el baloncesto. Una sección que personalmente adoro es la de los mejores momentos de la historia de la NBA. Aquel tiro de Kobe contra los Suns, el robo de Michael Jordan a Karl Malone con la posterior canasta, o el crossover de Allen Iverson a Tyronn Lue en la prórroga del Game 1 de las Finales de 2001 son ejemplos de contenidos que posee esta sección. 


Kobe en el lanzamiento del game winner contra Phoenix en la prórroga
    

Son únicamente momentos estelares, que tienen una importancia vital para la consecución del campeonato.

Allen Iverson pasando por encima de Tyronn Lue tras una canasta en la prórroga
    

Finales de 2013, Game 6 en el American Airlines Arena. Quedan 28 segundos, y Ginobili tiene dos tiros libres para poner a los Spurs a 6 puntos. La gente comienza a irse del estadio, ya que hasta en el banquillo de los Spurs se veían señales de una celebración anticipada. Finalmente Ginobili convierte uno de los tiros libres, colocando a los de Texas 5 arriba en el marcador. Spoelstra pide tiempo muerto, y las caras en el banquillo son un poema. Tanto LeBron como Wade como el resto de la plantilla dan el partido, la serie, el campeonato y el poder convertirse en leyenda por perdido. LeBron falla un triple, pero vuelve a recibir el balón tras un palmeo y convierte la segunda oportunidad. Son dos puntos de diferencia, y Kawhi Leonard recibe falta, para tirar lo que serán los dos tiros libres más importantes de su carrera. El AAA es un hervidero, no había persona en todo el estadio que no estuviera gritando. La presión puede con el Sophomore y falla el primer tiro libre. No hay tiempos muertos, es el momento. Chalmers sube la bola, se la entrega a LeBron, que lanza un triple. El tiro es malo, pero Chris Bosh logra un rebote ofensivo que lanza hacia la esquina derecha del campo de ataque.

Allí lo recibirá Ray Allen, mientras camina hacia atrás sin ninguna referencia de su posición. La esencia del momento clave, el clutch, la hora de actuar de Ray ha llegado. Pone el cuerpo recto tras correr hacia atrás en el aire, y a su vez retrasa el torso ya que Parker llega con los dos brazos arriba, convirtiéndose en un tiro realmente complicado. Pero claro, estamos hablando de nada más y nada menos que el jugador con más triples anotados de la historia.

Un movimiento preciso de muñeca de apenas unas décimas de segundo significa el tener la ocasión de convertirte en un mito, un ídolo para una generación, un modelo al que imitar. Sin embargo, para Ray ese giro de muñeca es automático, no puede controlarlo. Después de haberlo realizado millares de veces, deja de ser un movimiento humano y pasa a ser natural. Preciso como una máquina, como un ordenador que no es capaz de cometer errores a no ser que sea por el error humano del programador. Era imposible que ese tiro no acabase entrando. Miami fuerza la prórroga, el séptimo, y la posibilidad de crear una dinastía irrepetible.

¿Pero en qué estaba pensando Ray Allen mientras tiraba? No estoy en su cerebro, pero sin embargo sé la respuesta: No pensaba en nada. Apagó su cerebro, y dejó que su inconsciente realizara el movimiento como siempre lo había hecho. Aquella perfección que sólo los Dioses del baloncesto entregan a unos pocos elegidos estaba a disposición de Allen.

El triple imposible de Ray Allen a falta de 6 segundos
    
Así que dentro de 10 años, cuando estemos viendo un duelo en las Finales entre... vete tú a saber, y en los anuncios durante un tiempo muerto nos enseñen el triple de Ray Allen en el Game 6 de las Finales de 2013, nos daremos cuenta que, quizás, haya sido el triple más importante de la historia de la NBA.

Damas y caballeros, Ray Allen.


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