Llamando a la élite

A estas alturas del curso pasado, el aficionado ya mostraba su incredulidad ante un chico que tras cumplir su ciclo formativo en una universidad desmarcada de los focos, se atrevía a desafiar al trono de las estrellas consagradas. Un alumno aventajado, un novato que nunca llegó a serlo, y que noche tras noche daba buena cuenta de una tenacidad y desparpajo propios de un veterano, o mejor dicho, de un líder. Al ritmo del eslogan que rezaba "License to Lillard" (Licencia para Lillard), se forjaba la historia de un jugador dispuesto a cambiar las tornas de la competición. El alzarse con el Rookie of the Year sólo era el primer paso para un Lillard de límites insospechados, que se erigía como fuente de esperanza para unos Blazers desamparados de ella, que veían en encomendarse a él la llave para retomar el vuelo.


Y es que volviendo al día de hoy, las cosas no podrían ir mejor en Oregon. En Portland han sido testigos de la explosión de un LaMarcus Aldridge que no sólo ha encontrado en el base de Oakland a su mejor socio, sino a uno de los jugadores más determinantes una vez llegados a los escenarios más calientes del partido. Como se suele decir, los números nunca mienten, y el ver que el sophomore acumula un total de 14 puntos con un 80% de acierto en los últimos 30 segundos de encuentro (4/5 TC) no deja de reflejar a quien hay que aferrarse una vez se decide el devenir de la contienda.



Al margen de esto, Portland está ya asentada como la sensación de este inicio de temporada, no sólo por su brillante récord, sino por el juego que despliega. Un patrón que presenta su pilar en el ataque, donde Terry Stotts, además de contar con un plantel talentoso, ha coordinado un vendaval ofensivo que roza lo imparable, que ha desencadenado que sean actualmente la mejor máquina anotadora de la competición (108'4 puntos por encuentro). Si bien es cierto que hay que destacar la labor coral y la pluralidad ofensiva que demuestran, también hay que hacer una reseña en el trabajo de Damian como director de orquesta, consiguiendo armonizar las armas de un batallón siempre dispuesto a hacer gala de todo lo que atesoran.


Es precisamente ese aspecto organizativo el que tanto se ponía en duda desde su llegada a la liga. Un base explosivo, con una facilidad pasmosa para anotar de todas las maneras habidas y por haber, incisivo, con el descaro y el carácter suficientes para enfrentarse a quien se interponga en su camino. Una madurez impropia ara su edad, pero que a su vez demuestra el fruto recogido de sus 4 años en Weber State, en los que ya daba muestra de que su envidiable ética de trabajo se traducía en una constante mejora. Ha sido la experiencia acumulada la que le ha permitido entender mucho mejor a sus compañeros, ya que independientemente de que su estadística en cuanto a asistencias no copa las primeras posiciones en este apartado (5'6 asistencias), el progreso en este sentido es indiscutible, expone una mejor lectura del juego, tanto en situaciones de 2x2 tras bloqueo directo con Aldridge, como a la hora de encontrar a sus compañeros en campo abierto.

Un jugador que por méritos propios se ha ganado un billete a la élite. Una estrella en ciernes, cuyo techo reside allá donde le acompañe cometido. La osadía de desafiar a los gigantes, la carisma para llegar a lo más alto, el clavo ardiente al que aferrarse cuando todo parece perdido. Cualidades de un Lillard que no quiere ser flor de un día, él ha venido para quedarse.



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